Tortitas suflé
Tortitas suflé altas y esponjosas como nubes, hechas incorporando un merengue firme a una masa de yemas y cocinándolas al vapor a fuego muy suave. Solo necesitas una sartén para lograr en casa un resultado digno de cafetería.

Ingredientes
Masa de yemas
- Harina floja45 g
- Levadura química2 g
- Yema de huevo2
- Lecheal gusto
Merengue
- Clara de huevo2
- Azúcar30 g
- Zumo de limón1 gota
Preparación
- 1

Mezcla 45 g de harina floja con 2 g de levadura en polvo. Tamizar los ingredientes secos juntos te dará una masa más suave.
- 2

Separa las yemas de las claras con cuidado. Añade los ingredientes secos del paso 1 al bol de las yemas y mezcla hasta integrar.
- 3

Añade la leche poco a poco a la masa de yemas, removiendo hasta obtener una consistencia ligeramente espesa pero fluida.
- 4

Añade una gota de zumo de limón a las claras y empieza a batir con una batidora de mano. Incorpora 30 g de azúcar en 2 o 3 veces mientras bates. Asegúrate de que no caiga agua ni yema en las claras, o el merengue no montará.
- 5

Sigue batiendo hasta que el merengue forme picos firmes y brillantes que mantengan la forma.
- 6

Añade la mitad del merengue a la masa de yemas y mézclalo con movimientos envolventes hasta integrarlo por completo.
- 7

Incorpora el resto del merengue con movimientos suaves de corte y envolvente; no mezcles en exceso. Que queden algunas vetas no pasa nada: mantener el merengue aireado es lo más importante.
- 8

Engrasa ligeramente una sartén y pásale un papel de cocina para dejar solo una fina capa de aceite. A fuego mínimo, coloca la masa formando 2 o 3 capas, añade 1 cucharada de agua por el borde, tapa y cocina al vapor 3 minutos. Da la vuelta con cuidado, añade otra cucharada de agua, tapa y cocina 2 minutos más.
- 9

Sirve enseguida con azúcar glas, fruta fresca, nata montada o sirope de arce, al gusto.
Consejos
El control del fuego lo es todo: dales la vuelta solo cuando la base esté completamente cuajada, o la tortita se hundirá. Para el merengue, mantén el bol y las varillas totalmente secos y sin restos de yema; hasta un mínimo de grasa impide que las claras monten bien.