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Galletas de leche condensada

Galletas dulces y mantecosas hechas con leche condensada, un proyecto de repostería casera ideal para hacer con los niños. Solo ingredientes básicos de despensa, una masa fácil y un sabor intenso a mantequilla y leche condensada al que volverás una y otra vez. Perfectas como capricho de fin de semana o un regalo sencillo.

Galletas de leche condensada
Porciones4 raciones
TiempoMenos de 2 horas
DificultadMuy fácil

Ingredientes

Principal

  • Harina floja200g
  • Leche condensada azucarada100g (añade 10g más para una galleta más dulce)
  • Mantequilla sin sal80g
  • Sal1g
  • Extracto de vainilla (opcional)2–3 gotas

Preparación

  1. 1
    Paso 1

    Bate la mantequilla a temperatura ambiente en un bol hasta que quede suave y cremosa, como la mayonesa. Una mantequilla bien cremosa hace que la masa se mezcle de forma uniforme y mejora la textura.

  2. 2
    Paso 2

    Añade la leche condensada y la sal a la mantequilla y mezcla bien. Si usas extracto de vainilla, agrégalo ahora.

  3. 3
    Paso 3

    Tamiza la harina floja e incorpórala con movimientos envolventes de corte, solo hasta que no queden restos de harina seca. Mezclar de más desarrolla el gluten y endurece las galletas.

  4. 4
    Paso 4

    Da forma a la masa en un cilindro o bloque dentro de una bolsa de plástico y enfríala en el congelador de 30 minutos a 1 hora. Corta la masa firme en rodajas uniformes de 0,7–1cm, o estírala y corta formas con moldes de galletas junto a los niños.

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    Paso 5

    Coloca las galletas en una bandeja forrada con papel de hornear, dejando espacio entre ellas, y hornea a 160°C durante 12–15 minutos, hasta que los bordes se doren. Déjalas enfriar en la bandeja 5–10 minutos y luego pásalas a una rejilla para que se enfríen por completo.

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    Paso 6

    Crujientes por fuera y tiernas por dentro: ¡tus galletas de leche condensada están listas! Hacerlas juntos es la mitad de la diversión.

Consejos

Una vez frías por completo, guárdalas en un recipiente hermético a temperatura ambiente durante 5–7 días. Para conservarlas más tiempo, congélalas bien cerradas hasta un mes; déjalas a temperatura ambiente 10–20 minutos antes de comerlas y sabrán recién horneadas.

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